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Septiembre sin dietas

14 septiembre, 2026

Septiembre tiene algo de enero, pero con más calor y menos uvas.

Volvemos de las vacaciones con ganas de ordenar la casa, recuperar horarios, llenar la nevera de alimentos frescos y sentir que retomamos el control. Hasta aquí, todo bien. El problema aparece cuando a esa vuelta a la rutina le añadimos una misión extra: ponernos a dieta e hipercontroladores con lo que comemos.

Porque quizá hemos tomado más helados, hemos comido más veces fuera de casa, el aperitivo se ha alargado más de la cuenta o nuestros horarios han sido un caos. Y entonces llega septiembre y aparece esa voz…

“Ahora toca cuidarse”.

Que muchas veces significa, en realidad:

“Ahora toca comer poco, pasar hambre y perder cuanto antes el peso que creo que he ganado”.

Y así, sin darnos cuenta, empezamos el curso cargando con una doble mochila.

La primera mochila: volver a nuestros hábitos

Después de unas vacaciones es normal que tengamos la sensación de buscar estabilidad, rutina, orden y control.

Quizá queremos volver a cocinar más en casa, recuperar el consumo habitual de fruta y verdura, beber más agua, moderar el alcohol o dejar de convertir cada tarde en “hoy también estamos de vacaciones”. No hace falta negar que nuestros hábitos pueden haber cambiado. Las vacaciones son precisamente eso: un periodo diferente.

Pero mejorar nuestra alimentación no significa que tengamos que castigarla.

Podemos ir desplazando algunos alimentos menos saludables simplemente porque volvemos a incluir otros que nos ayudan a encontrarnos bien: una comida casera, una cena con vegetales, una pieza de fruta que vuelve a aparecer en el bolso, unas legumbres preparadas para varios días…

No hace falta declarar ilegal el helado ni despedirse del aperitivo con un minuto de silencio. Se trata de recuperar una frecuencia que encaje mejor en nuestra vida cotidiana.

Esa adaptación ya requiere energía, tiempo y organización. No es poco.

La segunda mochila: hacer dieta para “compensar”

Pero, además de recuperar hábitos, solemos exigirnos perder peso rápidamente.

Y entonces no solo queremos volver a comer más verduras, cocinar más y organizarnos mejor. También queremos hacerlo todo controlando cantidades, eliminando alimentos, evitando hidratos por la noche, rechazando planes y mirando con sospecha cualquier cosa que no parezca de dieta.

Es decir, nos ponemos dos trabajos a la vez:

  1. Cambiar de nuevo nuestra alimentación y nuestros horarios.
  2. Hacerlo desde la restricción, la vigilancia y la urgencia por adelgazar.

Ahí está la doble mochila.

Una ya pesa: volver al trabajo, llevar a los niños al colegio, encajar actividades, recuperar horarios, pensar comidas y conseguir que vuelva a haber algo decente en la nevera.

La otra la añadimos nosotros: comer menos de lo que necesitamos, perseguir resultados rápidos y sentir que cualquier imprevisto es un fracaso.

Y claro, a los pocos días estamos cansados, hambrientos y de mal humor. La dieta se rompe —porque las dietas restrictivas suelen ser difíciles de sostener— y aparece otra vez la culpabilidad.

Septiembre no es una sala de castigo

Haber comido de una forma diferente durante las vacaciones no genera una deuda que tengamos que pagar en septiembre.

No necesitamos compensar una paella con una cena triste. Ni saltarnos el desayuno porque ayer tomamos postre. Ni vivir una semana a base de ensaladas pequeñas para “limpiar” el organismo.

Nuestro cuerpo no funciona como una cuenta bancaria en la que cada helado deja números rojos.

Y nuestra alimentación tampoco se define por unas semanas concretas, sino por lo que hacemos de forma habitual a lo largo del tiempo.

Por eso, en lugar de preguntarnos: “¿Qué tengo que quitar para perder peso?”

Podemos empezar por otra pregunta mucho más útil: “¿Qué necesito organizar para comer bien en los días que tengo por delante?”

Este cambio parece pequeño, pero nos lleva a un lugar completamente diferente. Dejamos de pensar en castigo y empezamos a pensar en herramientas.

Tu cuerpo también tiene que volver a la rutina

Además, septiembre no siempre es esa postal de jersey fino, hojas secas y sopa caliente que nos venden. En muchos lugares seguimos teniendo temperaturas altas, dormimos peor, arrastramos el cansancio de los cambios de horarios y volvemos de golpe a jornadas mucho más exigentes.

También podemos pasar más horas despiertos o empezar el día mucho antes que durante las vacaciones. Y sí: es posible que necesitemos comer más de lo que habíamos imaginado al diseñar nuestra nueva “vida perfecta de septiembre”. O que nos venga bien hacer alguna ingesta entre horas para mantener la energía y llegar a la siguiente comida sin un hambre feroz.

Tomar algo a media mañana o a media tarde no significa que lo estemos haciendo mal. No existe ningún premio por aguantar hambre hasta la comida.

Si desayunas pronto y comes tarde, una fruta con un puñado de frutos secos, un yogur, una tostada, un pequeño bocadillo o cualquier opción que encaje contigo puede ayudarte a rendir y afrontar mejor el día.

No todas las personas necesitan hacer cinco comidas. Tampoco todas funcionan bien haciendo solo tres. La frecuencia debe adaptarse a tus horarios, tu apetito, tu actividad y tus necesidades; no a una regla rígida que has leído en internet.

En lugar de empezar una dieta, prueba a hacerte la vida más fácil

Antes de comprar productos “detox”, llenar la despensa de alimentos que no te gustan o prometer que el lunes serás otra persona, prueba a responder estas preguntas:

  • ¿Qué días voy a llegar más tarde a casa?
  • ¿Qué comidas necesito llevarme en táper?
  • ¿Qué cenas puedo preparar en diez o quince minutos?
  • ¿Qué alimentos me conviene tener siempre en el congelador?
  • ¿Qué puedo cocinar una vez y aprovechar durante varios días?
  • ¿Qué tentempiés puedo llevar conmigo si sé que voy a necesitarlos?

Puede que la solución no sea tener más fuerza de voluntad, sino tener unos huevos cocidos, verduras lavadas, legumbres preparadas, una crema de verduras, boniato o patata cocidos y alguna fuente de proteína lista para combinar.

Porque cuando llegamos a casa tarde, cansados y con hambre, no elegimos entre la cena ideal y la cena improvisada. Elegimos entre lo que tenemos disponible.

La organización no tiene el glamour de una dieta milagro. No promete perder varios kilos en dos semanas ni viene acompañada de una foto de antes y después. Pero tiene una ventaja bastante importante: funciona también cuando estamos cansados, tenemos poco tiempo o el día no ha salido como esperábamos.

El éxito está en los hábitos, no en hacerlo perfecto

El éxito no está en completar una semana impecable, pesar cada ración ni evitar para siempre los alimentos que nos gustan.

Está en construir unos hábitos suficientemente buenos y suficientemente flexibles como para poder mantenerlos en la vida real.

Así que este septiembre te propongo algo: dedica una cuarta parte del esfuerzo, el sacrificio y la energía mental que invertirías en hacer una dieta restrictiva a preparar un menú realista, hacer una lista de la compra, organizar tu semana y dejar listo un pequeño batchcooking.

Solo una cuarta parte.

El resto de esa energía guárdala para trabajar, cuidar, dormir, moverte, disfrutar y adaptarte a la vuelta. Que tampoco es poco.

Porque cuidarte no debería sentirse como cargar otra mochila. Debería ayudarte a que la que ya llevas pese un poquito menos.

Y si necesitas apoyo para organizarte, recuperar unos buenos hábitos, aprender a preparar platos completos o adaptar tu alimentación a tus horarios y necesidades, puedo ayudarte.

Soy Ana Amengual, dietista-nutricionista colegiada CODINUCAT nº 685, y realizo consulta nutricional presencial en Barcelona y también online.

Puedes contactar conmigo a través de:

Este año, que septiembre empiece con organización, comida rica y hábitos que puedas mantener. Septiembre sin dietas.

NutriConceptos

3 errores en tus ensaladas completas

28 julio, 2026

¿Te haces ensaladas constantemente porque quieres comer ligero, saludable y completo… pero acabas la comida con hambre al poco rato? ¿O, por el contrario, tienes la sensación de que comes ensalada casi todos los días y aun así terminas hinchada?
Una ensalada puede ser una comida estupenda. De hecho, puede convertirse en un plato único muy completo si sabemos cómo construirla.

Pero hay algo que veo muchísimo en consulta y también cuando comparto contenido en redes: no siempre una ensalada es una comida completa simplemente porque lleva muchos ingredientes.

Puedes tener un bol enorme lleno de hojas verdes, tomate, aguacate, semillas, pasta, queso, atún… y, aun así, que la combinación no sea la más adecuada.

Por eso hoy quiero contarte los 3 errores más comunes al preparar una ensalada completa y cómo solucionarlos.

1. No empezar por los vegetales

Este es, probablemente, uno de los errores más habituales.

Imagina que tienes delante un bol vacío y vas añadiendo ingredientes.

Si empiezas poniendo pasta, arroz, patata o incluso aguacate, es muy fácil que estos ingredientes ocupen rápidamente una parte importante del plato. Y aquí entra en juego algo muy sencillo: nuestro cerebro necesita ver el plato lleno.
Cuando empezamos a servir una comida, buscamos visualmente que haya suficiente cantidad. Queremos ver rápidamente que vamos a comer una cantidad que nos sacie.

Por eso, si el primer ingrediente que ponemos en el bol es pasta, es bastante probable que añadamos una cantidad generosa de pasta antes de empezar a incorporar el resto de ingredientes.

Después vienen los tomates, las hojas verdes, otras hortalizas, el aguacate, las semillas…
Y cuando nos damos cuenta, tenemos una ensalada enorme.
¿El problema? Que la proporción entre los diferentes ingredientes puede no ser la más adecuada y que la cantidad de energía que aporta esa ensalada puede ser mucho mayor de la que necesitábamos.

¿Cuál es la solución?

Empieza siempre por los vegetales. Hojas verdes, tomate, pepino, zanahoria, pimiento, cebolla, calabacín, berenjena, espárragos, brócoli…

No tienes que limitarte a la típica combinación de lechuga y tomate. Cuantos más vegetales diferentes utilices, más variedad y color tendrá tu plato.

Y, además, conseguirás algo muy interesante: llenar visualmente el plato desde el principio con alimentos que queremos que tengan un papel protagonista en nuestras comidas principales.

Después, incorpora el resto de ingredientes.

Mi recomendación es que pienses en la ensalada como si estuvieras construyendo cualquier otro plato completo, no como una especie de “todo lo que tengo en la nevera dentro de un bol”.

2. Dejar la proteína para el final

Este es otro clásico.

Empiezas con una buena cantidad de vegetales de hoja. Después añades tomate, pepino, zanahoria, pimiento…

Luego un poco de aguacate. Unas semillas. Pasta. Quizás unas aceitunas.

Algún topping que tenías por casa.

Y cuando ya tienes el bol suuuperlleno, piensas: “¡Ah! Me falta la proteína.”

Así que añades un huevo duro. O una latita de atún. Y listo.

Pero aquí tenemos un problema.

Si hemos añadido todos los ingredientes anteriores sin pensar previamente en la proteína, es muy fácil que acabemos poniendo una cantidad insuficiente de este nutriente simplemente porque ya no queda espacio en el plato.

Y esto es importante porque la proteína contribuye a la saciedad y puede ayudarnos a mantenernos satisfechos durante más tiempo.

Por eso, si queremos que nuestra ensalada sea realmente una comida completa, mi consejo es que la proteína sea el segundo ingrediente que añadamos, justo después de los vegetales.

Así evitamos que se convierta en “lo que cabe” al final.

¿Qué cantidad de proteína?

No existe una única cantidad que sirva para todo el mundo. Dependerá de las necesidades de cada persona, del resto de la alimentación y del objetivo.

Pero sí podemos quedarnos con una idea muy sencilla:

No pienses en la proteína como el topping de la ensalada. Piensa en ella como uno de los ingredientes principales.

Y esto cambia completamente la forma de construir el plato.

Primero vegetales.

Después proteína.

Y a partir de ahí podemos añadir hidratos de carbono, grasas saludables y otros ingredientes que nos apetezcan.

3. Abusar de queso, embutidos, fiambres y conservas

Y llegamos al tercer error.

Porque una cosa es añadir queso, atún, jamón, fiambre o alguna conserva de pescado de vez en cuando y otra muy diferente es que sean nuestra principal fuente de proteína en las ensaladas prácticamente todos los días.

¿Por qué?

Por un lado, puede resultar complicado alcanzar una cantidad suficiente de proteína por ingesta si utilizamos pequeñas cantidades de estos alimentos simplemente como complemento.

Y por otro, la cantidad de sal puede dispararse con bastante facilidad.

Piensa en una ensalada que lleva:

queso + aceitunas + atún en conserva + fiambre + algún aliño preparado.

Individualmente pueden parecer pequeñas cantidades, pero juntas pueden hacer que la cantidad de sodio de esa comida sea bastante elevada.

Y aquí aparece una pregunta que me hacen con frecuencia:

“¿Cómo puedo comer ensaladas constantemente y sentirme hinchada?”

La hinchazón digestiva puede tener muchas causas y no siempre tiene que ver con la sal.

Pero si tus ensaladas llevan habitualmente muchas conservas, quesos, embutidos, fiambres y otros alimentos con bastante sodio, es posible que estés tomando más sal de la que necesitas.

Además, una ingesta elevada de sodio puede favorecer la retención de líquidos y hacer que algunas personas se sientan más hinchadas.

Por eso, en lugar de eliminar las ensaladas, yo cambiaría la forma de construirlas.

¿Qué podemos utilizar en su lugar?

Podemos acostumbrarnos a utilizar más fuentes de proteína frescas o con menos sal añadida.

Por ejemplo:

  • Tiras de pollo a la plancha.
  • Pollo o muslos y contramuslos hechos al horno y desmenuzados.
  • Pescado cocinado y desmenuzado.
  • Pescado crudo apto para consumo en crudo, como sashimi de salmón, siguiendo las recomendaciones de seguridad alimentaria y congelación correspondientes.
  • Mariscos congelados, como colitas de gambas o calamarcitos, que son muy rápidos de cocinar.
  • Legumbres, tanto cocidas en casa como congeladas, siempre que no lleven sal añadida en cantidades elevadas.
  • Huevos cocidos o tiras de tortilla.

Y sí, las legumbres también pueden ser una fantástica fuente de proteína para una ensalada.

De hecho, tener en el congelador bolsas de gambas, calamares, verduras y legumbres cocidas puede ser un recurso maravilloso para preparar una comida completa en pocos minutos.

Porque comer saludable no debería depender de tener dos horas para cocinar.

Entonces, ¿cómo preparo una ensalada completa?

Si quieres simplificarlo, quédate con este orden:

1. Vegetales

Que sean los protagonistas y ocupen una buena parte del plato.

2. Proteína

Añádela desde el principio para asegurarte de que hay una cantidad suficiente y no dejarla para “lo que quepa”.

3. Hidratos de carbono

Pasta, arroz, patata, boniato, quinoa, pan, legumbres… según tus necesidades y preferencias.

4. Grasas saludables y toppings

Aceite de oliva virgen extra, aguacate, frutos secos, semillas…

Y aquí es donde podemos jugar con diferentes sabores, texturas y combinaciones.

Porque una ensalada no tiene por qué ser aburrida.

Y tampoco tiene que ser una comida “de dieta”.

Una ensalada puede ser una comida completa, saciante, nutritiva y muy apetecible.

La clave está en cómo la construimos.

Y ahora sí… me voy de vacaciones ☀️

Después de tantas ensaladas, recetas, consejos y contenido por aquí, ha llegado el momento de hacer una pequeña pausa.

Me voy de vacaciones esta semana, pero seguiré bastante localizada.

Podéis encontrarme por correo electrónico, WhatsApp y redes sociales, donde seguiré activa aunque a un ritmo un poquito más relajado.

La agenda de agosto está cerrada, pero ya podéis reservar vuestra cita para septiembre.

Y si después del verano sientes que necesitas volver a organizar tus comidas, dejar de improvisar, aprender a construir platos completos o simplemente quieres sentir que la alimentación deja de ser una preocupación más en tu día a día, estaré encantada de acompañarte.

Porque septiembre no tiene por qué empezar con una dieta.

Puede empezar con herramientas, organización y una alimentación que puedas mantener de verdad.

Nos vemos a la vuelta. 💛

¡Felices vacaciones y feliz verano!

NutriConsejos

Si sabes como te pones… ¿Para qué te pesas?

3 enero, 2020

Hoy quiero reflexionar sobre el tema de pesarse.

Subirse a la báscula es un gesto sencillo que podemos hacer sin apenas pensar, sin embargo a algunas personas ver el resultado puede cambiar su estado de ánimo, su humor y afectar a su autoestima e incluso a sus relaciones.

Se despiertan por la mañana con ganas, recordando todo lo que quieren hacer a lo largo de ese día: saltan de la cama, hacen un primer pipí y mientras disfrutan del momento se les ocurre la gran idea: “aprovecho que estoy en ayunas, me acabo de levantar y que ya he hecho pis para pesarme”.

Así de fácil. Se suben a la báscula y patapámmmmmmmmmmm ¿Pero como puede ser? Pero si estoy comiendo superbién, no me acuerdo ni de la última pizza que comí y los donuts… ¡bueno es que ni los huelo! ¿Qué demonios le pasa a mi cuerpo?

La cara se torna extraña, ceño fruncido y la mala ostia sube de los pies a la cabeza como la espuma. Y ya está, ya tienen la actitud y el humor de mierda necesarios para tener un día de perros.

báscula

El peso de tu báscula no te define

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¡Oído cocina!

¿Tu cuerpo pide salsa?

30 septiembre, 2019

En un supermercado es muy difícil encontrar salsas que estén hechas solo con ingredientes de calidad, que el aceite que contenga sea aceite de oliva virgen extra y que no añadan un montón de azúcares o sal para que la salsa tenga muchísimo sabor.

Además suelen llevar ingredientes para espesar como harinas refinadas, féculas o almidones y/o potenciadores del sabor como el glutamato monosódico.

Mi recomendación es que si quieres algún tipo de salsa la hagas tu en casa para asegurarte de que los ingredientes sean de calidad.

Si las compras envasadas siempre mira las etiquetas, algunos de los condimentos que considero de buena calidad por tener una composición en ingredientes sencillos y saludables son:

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NutriConsejos

¿Qué estrategias debo seguir para comer sano?

24 septiembre, 2019

El dibujo del plato de Harvard es una de las primeras herramientas que damos para ayudar a las personas a tener buenos hábitos y en él basé el diseño del logo de este blog.

Personalmente, cuando explico en qué consiste esta herramienta, alguna persona me comenta que ya la conocía, a otras les sonaba de algo y otras no lo habían oído en su vida. Sin embargo, muy pocas personas vienen siguiendo esta estructura en sus platos.

Al cabo de la semana de recomendarles seguir esta estructura en sus platos las personas ya se encuentran mejor y ya han perdido algo de peso.

Así que no creo que vaya mal dedicar un post en pleno mes de Septiembre, en el que muchas personas se lanzan a los brazos de las dietas milagro en busca de perder el peso que han cogido durante el verano, sobre una herramienta de alimentación saludable que ha ayudado a regular el peso a muchas personas sin milagros, prisas, restricciones ni pasando hambre.

La Escuela Pública de Harvard y los editores en Publicaciones de Salud de Harvard son los autores de esta herramienta y la describen como “una guía para crear comidas saludables y equilibradas”.

Plato de Harvard: ¿Qué alimentos incluir en la comida y en la cena?

La mitad del volumen del plato debe componerse por vegetales, una cuarta parte del plato por hidratos de carbono complejos y la cuarta parte restante por proteínas.

¿Qué alimentos pertenecen a cada grupo?

Estructura de un plato saludable

Grupos de alimentos presentes en el plato de Harvard

¿Qué cantidad hay que poner de cada grupo?

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¡Oído cocina!

Recetas de hamburguesas veganas saludables

7 febrero, 2018

En el artículo anterior analicé las etiquetas de unas hamburguesas envasadas valorando si eran o no saludables. Finalmente, llegué a la conclusión de que siempre es mejor hacerlas con nuestras propias manos y así podremos controlar que todos los ingredientes que la componen sean saludables.

Aquí os presento 3 recetas de hamburguesas veganas sanas que podéis preparar en casa:

RECETA 1: HAMBURGUESAS DE VEGETALES Y ANACARDOS.

Receta de veggie burger

Ingredientes para hacer la hamburguesa de vegetales

INGREDIENTES HAMBURGUESA DE VEGETALES:

  • 250 gramos de champiñones
  • 50 gramos de anacardos crudos.
  • 200 gramos de zanahorias.
  • 100 gramos de cebolla.
  • 1 diente de ajo.
  • Comino (1/2-1 cucharada de postre, en función de lo que te guste).
  • Levadura en polvo (1 cucharada de postre).
  • 2 cucharadas soperas de aceite de oliva virgen extra.
  • 100 gramos de harina de garbanzo.

 

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NutriConsejos

¿Cómo aprovechar los nutrientes de los vegetales?

24 enero, 2017

¡Ya estoy aquí de nuevo! He estado algunas semanas sin actualizar el blog porque he tenido muchísimo trabajo (¡Y toco madera para que siga siendo así!). Además quería pediros disculpas porque durante estos últimos días ha habido errores en la web ya que no permitía acceder ni a los artículos ni a las páginas (ya está solucionado).

Este artículo será más práctico que teórico, os voy a hablar todavía más sobre los alimentos que deben ser la base de nuestra alimentación: las hortalizas y las frutas. ¿Porqué son tan importantes? ¿Cómo podemos optimizar el aporte vitamínico y la absorción de nutrientes de estos alimentos? ¿Qué cocciones conservan mejor las vitaminas? ¿Es bueno consumir el caldo cuando hervimos vegetales? ¿Deberíamos comer la fruta con piel?